sábado, 30 de agosto de 2014

De las primeras impresiones a las primeras cervezas

Y ya puestos, y aprovechando mi entusiasmo con mi nuevo blog escribiré una entrada sobre mis primeros días sola, es decir, ayer y antes de ayer.

La despedida familiar fue un drama. Como ya he repetido mil quinientas veces a mis amigos "soy muy de casa", y la idea de separarme de mis padres y hermana por tanto tiempo me causaba una sensación de vacío en el estómago bastante notable. Sin embargo las ganas que tengo de esta aventura tiraban más de la cuerda que el miedo. Así que entre lagrimillas dije adiós, y en un momento melancólico me asomé a la ventana, como en una película para ver cómo el coche desaparecía mientras doblaba la esquina. Por cierto, NUNCA hagáis esto, es como revolcarte en la mierda cuando ya estás en ella.
Después de intentar dejar de llorar durante un cuarto de hora (estaba sensible señores, les ruego comprendan la situación), bajé al desayuno del hotel con la esperanza de que nadie notara ni el más mínimo signo de mi tristeza. Pero no. La señora del buffet me miraba con ojillos de pena y no pudo evitar acercarse a mi cuando ya me iba para soltarme un "Bon courage" al que yo respondí con más lagrimas (¡Bien!) y un ahogado "merci".

Dejé el hotel rumbo a mi residencia (en la que no hay nadie excepto YO hasta la semana que viene) con la maleta en una mano y el mapa de la ciudad en otro. El traqueteo de la maleta por el empedrado de Rennes y las conversaciones en francés de las que sólo entendía palabras sueltas me acompañaron por el camino. Una vez allí dejé la maleta, me senté en mi cama y me propuse investigar la ciudad. Casualidades del destino, me perdí de la que había marcado como mi ruta y terminé en una de las dos grandes universidades "Rennes 1", facultad de ciencias. Allí encontré además el servicio de atención al estudiante (CROUS en Francia), dónde tenía que arreglar algún asuntillo. Pensé que ese era el sitio perfecto para conocer a alguien así que me senté en un murillo fuera y esperé. Y esperé. Y esperé. Y nada con las mismas me levanté de allí. Después decidí perderme por el centro, me divertí cómo pude viendo a la gente pasar, comí en una terraza una ensalada con hojas y volví a pasear un poco más.

Este mi primer día, no había sido ni mucho menos como yo me imaginaba mi ERASMUS así que me retiré pronto y como "cual buena francesita" a las siete estaba ya en casa. Suerte que entre llamadas de mis amigas y familiares la noche se hizo mucho más amena.

Ayer me levanté con otro ánimo. Desayuné y salí de casa con el propósito de buscar una tarifa decente para mi móvil. Me habían dicho que había una tienda de "Free" en République (una de las calles principales) así que fui en su búsqueda y captura. De nuevo me perdí y me fui en dirección contraria hasta que me di cuenta que los comercios se acababan y que debía haberme confundido. Di la vuelta y me alegré de ver el sol y poder ponerme las gafas. Al fin encontré la tienda. Había bastante gente, y después de cinco minutos me di cuenta de que para que te atendiesen había que coger ticket como en la pescadería del mercado. Número 93. Me faltaban 10 turnitos de nada, pero no me importó demasiado porque no tenía otra cosa que hacer así que me senté en un banquito y ¡ale! a esperar.
Y de repente entraron en la tienda dos chicos que para mi buena suerte eran españoles, más o menos de mi edad, y con pinta de estudiantes perdidos. Me autoconvencí a mi misma de que la vergüenza la ha había dejado en mi casa así que como una acosadora me lancé a hablar con ellos. Al final resultaron muy majos, los dos eran ERASMUS y enseguida me invitaron a ir con ellos. Comimos en  una crêperie de la estación. Nos cobraron más de lo que ponía en la puerta (maldito IVA) y la chica nos invitó a su residencia a tomar un café. Fuimos al banco, andamos y andamos. Descubrimos una parte de la ciudad con un cierto parecido a Venecia (en cutre, claro está), y cada uno se fue a su casa para quedar a las 7.30 de nuevo con alguno que otro ERASMUS más.

Me arreglé y me vi incapaz de cenar a las 7 de la tarde (hora francesa de dinner). Así que nada, salí a la aventura. En el ayuntamiento habíamos quedado unas 7 personas que no nos conocíamos de nada más que de un grupo de WhatsApp, pero no fue demasiado difícil encontrarnos. Tras las presentaciones oficiales fuimos en busca de una cerveza, y ya puestos de una terracita. 2,50 la pinta. Y yo ya echo de menos el 100 montaditos o la Sureña. Al final nos sentamos en una terracita al lado de otra terracita con un DJ, por cierto, motivado y muy metido en su trabajo al que no dejaban de hacerle videos como si fuese Guetta o Harris. Entre conversaciones llenas de incertidumbres nos dieron las 9. Una hora más razonable para comer algo, así que nos fuimos a ¡otra crêperie! (las voy a terminar por odiar...). En la terraza solo había una parejita de franceses enamorados que pareció molestarse bastante por nuestra compañía. Vale, somos un poco ruidosos pero tampoco somos monstruos...
Cenamos tranquilamente y nos fuimos a buscar algo de ambiente a la Rue de la Soif. Decidimos quedarnos en un bar con música muy alternativa donde bailaban un baile muy raro dos personas pero que nos hacía bastante gracia.
El ambiente en la calle era de lo más diverso. Gente muy arreglada, gente nada arreglada y luego nosotros. Tomamos una cerveza mientras nos esforzábamos por escucharnos con ese volumen de música.
Como aún no estábamos muy ubicados decidimos irnos pronto y poner toda nuestra atención en los buses, metro o camino para llegar a casa. A mi no me hacía demasiada gracia lo de andar sola por la noche así que hasta agradecí la hora prudente de recogida.

1 comentario:

  1. Bienn
    lo importante es olvidarse de la timidez y salir a conocer y disfrutar.
    Continua así
    Besos de nuevo

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