jueves, 7 de mayo de 2015

"Hasta pronto"

Tengo que desahogarme en alguna parte. Y hoy en cartelera tenemos el tema más amargo que existe: Las despedidas. Ese momento incómodo por excelencia en el que toca pronunciar "adiós", "hasta pronto" o, quizás, "hasta nunca". 

Cuando llegué aquí, no se me pasaba por la cabeza que este momento llegaría tan pronto. El primer aviso vino por Navidad, cuando una buena parte de los lazos que había formado aquí se fueron para no volver. Y ahí es cuando me dí cuenta de que, no solamente estaba despidiendo personas, sino también una etapa, y con ella todos los los viajes, las comidas a deshora, las bromas que nadie más entiende, las fiestas, los brindis "por nosotros", y en definitiva, el albúm de momentos más bonito que alguien haya podido recopilar. 

A menudo los "adioses" vienen acompañados de promesas. Planes de futuro que alivian el golpe y que, por muy imposibles que parezcan, nosotros los Erasmus, defendemos como si fuese cuestión de vida o muerte. "Nos veremos en verano", "el año que viene", "de aquí en cinco años", y por supuesto, no importa dónde: "Ya sabes que tienes mi casa cuando quieras", "volveremos a Paris para recordar viejos tiempos", "empiezo a ahorrar para pisar los Estados Unidos" o incluso Australia parece haberse aproximado bastantes kilómetros con frases tipo "son muchas horas, pero los aviones son muy cómodos...". 

Lo cierto es que duele. Es difícil aceptar que el contacto diario pasara a ser simplemente "contacto". Pero es una realidad, la misma que cuando recibimos la aceptación Erasmus y no queda más remedio que aceptarla. 

Este periodo esta siendo bastante duro para mi. Parece una tontería pero llevo ya dos semanas intentando despedirme de la cama, de mi cuarto y hasta mi residencia (de la que taaaaanto me he quejado) me parece bonita. Y no hablemos ya de las personas. Esto llega poco a poco y a dosis, pero finalmente se va acercando el día en el que tenga que guardarlo todo en la maleta. Siento que se me quedan mil cosas por decir y por hacer. Que nueve meses no son suficientes. 

En fin, siento el tono meláncolico a estas  horas. Ya sé que hay que mirar las cosas desde el lado positivo, pero un café a las nueve y una despedida no es el momento más oportuno. Volveré a escribir, lo prometo.



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